Estoy de luto, Mamá. Nos están
matando. Nos estamos matando. Estamos cayendo en su juego del odio, pues
estamos haciendo de este la fuente que nos impulsa ahora. Ellos nos bombardean
con gases, perdigones, balas, ira, rencor, intolerancia; pero nosotros haríamos
lo mismo si las armas estuviesen en nuestras manos (o por lo menos llegué a esa
conclusión después de ver cómo las tres últimas cosas ya se las devolvemos).
Ellos nos están matando, pero nosotros les estamos deseando la muerte.
Estoy triste, Mamá, porque nos hemos
olvidado de ti. Y no solo porque te hayamos dejado de lado en medio de la
guerra, sino porque te hemos dejado de lado en tu mes. Un día de la madre donde
la madre está de adorno y un mes de mayo en donde el centro no eres tú. Estoy triste,
Mamá, porque ya no es el amor, sino el odio quien reina en medio de todo este
caos (y ya nos han repetido hasta el cansancio que el odio debe vencerse con
amor, porque, si pagamos el odio con más odio, ¿a dónde nos llevará eso?).
Estoy cansada, Mamá. Nos están
matando. No solo físicamente (lo cual me tiene cansada hasta el extremo de
tanto llorar); también están matando nuestro espíritu, nuestra moral, nuestra
bondad: nuestras ganas de salir victoriosos de esta lucha pero con el espíritu
alto y las manos limpias, sabiendo que tenemos de nuestro lado a la Verdad y
que no caímos en la bajeza de su impúdico juego. Ellos querían sembrar el odio,
el resentimiento, la separación: querían que dejásemos de ser humanos, y hoy
estoy cansada, triste y de luto, Mamá, porque lo están logrando.
Por eso vengo a pedirte. Vengo a
tirarme a tus pies a llorar, si las lágrimas quisiesen salir de nuevo. Vengo a
que me cargues y me arrulles para dormirme en tus brazos y así descansar un
rato de todas estas injusticias. Vengo para que, entre tanto miedo, seas mi respiro. Vengo a pedirte por el corazón
de todos los venezolanos: para que los prepares y nos des la fuerza que nos
falta para ser capaces de perdonar, de tolerar, de amar… de unirnos.
Vengo a pedirte por una Venezuela
que viva en un mayo permanente, pero un mayo bien vivido, un mayo donde el
centro seas tú. Una Venezuela que se desarrolle en torno al amor.
Una Venezuela donde nadie vuelva a
estar cansado, triste y de luto, Mamá.
Comentarios
Publicar un comentario