- Te quiero.
El fuego de la chimenea calentaba el
lugar, pero aun así el frío era protagonista. Sin embargo, para los presentes,
el fuego parecía ser el verdadero protagonista de la escena, pues las chispeantes llamas era
lo único que se oía en la habitación después de aquella declaración. El
silencio era tan denso que podía escucharse. Con un poco de torpeza, unas
palabras fueron escupidas:
- No sé si pueda decirte lo mismo.
Fuego. Chispas. Silencio denso.
Incomodidad. Acompañados por una sonrisa.
- Está bien. No doy mi cariño para que
sea devuelto. Además, no te quiero de una manera especial. Te quiero como
persona. Te quiero porque existes.
Fuego, chispas y silencio. Sin
embargo, esta vez no era incómodo. La tranquilidad podía respirarse. “Yo también te quiero”. Ya no hacía
frío.
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